Derechos Humanos

Lo que Costa Rica rechazó en la ONU: las palabras que no quiso reconocer

Julian Trejos
·
13 julio 2026

El pasado 8 de julio, en una sesión del Consejo de Derechos Humanos de la  ONU en Ginebra, la Misión Permanente de Costa Rica fijó una posición que  vale la pena que la comunidad conozca de primera mano, sin filtros ni  interpretaciones ajenas. 

El consejero Gustavo Corella Cordero manifestó el rechazo del país al uso de  tres términos: “violencia reproductiva”, “masculinidad patriarcal” e  “interseccionalidad”. El argumento oficial es jurídico: según Corella, estos  conceptos no están definidos ni acordados en tratados internacionales  vinculantes, y su incorporación progresiva como criterios normativos podría  representar una expansión no autorizada de esos tratados. Es un argumento  sobre soberanía interpretativa, no una declaración aislada — y por eso merece  leerse con cuidado

La posición no se quedó ahí. Costa Rica también dejó constancia de que no  acepta, para el término “género”, una definición distinta a la que establece el  artículo 7.3 del Estatuto de Roma: una definición binaria, entendida como los  dos sexos en el contexto de la sociedad. Y sobre “autonomía corporal” y  “derechos sexuales y reproductivos”, la delegación fue clara en que estos  conceptos no pueden interpretarse de forma que, según su lectura,  desconozcan el derecho a la vida. 

Lo que hace distinta esta posición de una simple nota diplomática es de  dónde vino. La diputada oficialista y pastora evangélica Kattya Mora confirmó  en redes sociales que la postura fue gestionada desde su despacho, con el  aval de la presidenta Laura Fernández. Es decir, no fue una posición técnica  aislada de la cancillería: tuvo un origen político identificable, y eso es un dato  relevante para entender el momento que atraviesa el país en foros  internacionales. 

Este episodio no ocurre en el vacío. Costa Rica ya había marcado distancia de  espacios multilaterales de derechos LGBTIQ+ este año, y esta posición en  Ginebra se suma a esa misma dirección. No nos corresponde calificar la  decisión ni el debate jurídico de fondo sobre qué términos deberían o no  reconocerse en tratados internacionales — eso seguirá discutiéndose en foros  diplomáticos y académicos. Lo que sí nos corresponde, como comunidad, es  tener la información completa y de fuente verificable para entender qué está  pasando y por qué importa. 

Aquí es donde volvemos a algo que repetimos seguido: el avance legal y la  realidad vivida no siempre caminan en la misma dirección — y a veces  tampoco caminan en el mismo sentido. Mientras en el terreno hay  comunidad, hay espacios que se sostienen, hay historias que se siguen  contando, en el plano institucional el lenguaje mismo que nombra nuestras  realidades puede estar en disputa. Seguir de cerca estas discusiones, con  datos precisos y sin alarmismo, es parte de lo que significa hacer visibilidad  honesta. 

Vamos a seguir esta conversación de cerca, con la misma exigencia de  siempre: fuentes verificables, contexto completo, y ningún atajo hacia la  exageración ni hacia la minimización.

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Julian Trejos
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