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Antes de comprar el tiquete: lo que una persona LGBTQ+  debería revisar de un destino  

Julian Trejos
·
29 julio 2026

Hay una pregunta que casi nadie se hace antes de viajar, y que para nosotros  es casi automática: ¿voy a estar bien ahí? No hablamos del clima ni de si hay  buena comida, hablamos de si podemos caminar de la mano con nuestra  pareja, de si un hotel nos va a dar problemas por compartir cama  matrimonial, de si hace falta “editar” quiénes somos apenas bajamos del  avión.

El destino importa más de lo que parece. Y con el mundo actual, revisarlo  antes de comprar el tiquete dejó de ser una exageración para convertirse en  sentido común. 

Lo primero, obviamente, es la ley. No es lo mismo un país donde el  matrimonio igualitario existe hace años, que uno donde las relaciones del  mismo sexo siguen penalizadas. Pero la ley por sí sola no cuenta toda la  historia, hay países con leyes favorables sobre el papel que, en la práctica,  siguen siendo hostiles en la calle. Por eso conviene ir un paso más allá de “¿es  legal ser quien soy aquí?” y preguntarse “¿cómo se vive siendo quien soy  aquí?”. 

Ahí es donde entran los mapas de riesgo actualizados. El 2026 LGBTQ Travel  Safety Map, elaborado por Safeture y Riskline, es un buen ejemplo de por qué  conviene revisar esto cada año y no dar nada por sentado: clasifica 91 países  como de alta preocupación, 62 como de preocupación elevada y 80 como de  preocupación normal, y advierte sobre una creciente ola de retrocesos en  materia de derechos, desde nuevas leyes de criminalización hasta requisitos  migratorios más estrictos. Incluso destinos que durante años se consideraron  modelos de apertura no están exentos: España, por ejemplo, bajó posiciones  en el Rainbow Map 2025, lo que llevó a la Federación Estatal LGTBI+ a advertir  que el liderazgo histórico del país no puede sostenerse solo con los avances  del pasado.  

Estados Unidos es otro caso que vale la pena tener en el radar, sobre todo  para quienes viajan con documentos que reflejan una identidad de género  distinta a la asignada al nacer: el gobierno estadounidense retiró la  posibilidad de que personas trans y no binarias autoidentifiquen su género en  el pasaporte, una decisión que además fue respaldada por la Corte Suprema.  Es el tipo de cambio que no siempre sale en la portada de las noticias de  viajes, pero que puede complicar un cruce migratorio de un momento a otro. 

Dicho esto, no todo son retrocesos. La misma fuente señala que Santa Lucía  despenalizó las relaciones entre personas del mismo sexo este año, luego de  que la Corte Suprema del Caribe Oriental anulara las leyes que castigaban la  “indecencia grave”, un recordatorio de que el mapa cambia en ambas  direcciones, y que revisarlo antes de viajar no es pesimismo, es simplemente  estar informados. 

Más allá de la ley y los mapas de riesgo, hay señales más cotidianas que  también vale la pena revisar: 

Los hoteles. No todos los hoteles “friendly” lo son de verdad. Buscar  certificaciones o membresías en redes como IGLTA (la Asociación  Internacional de Viajes LGBTQ+) ayuda a filtrar quién realmente invierte en  capacitar a su personal, y quién solo pone una bandera en el perfil de  Booking.  

Las apps. Antes de llegar a un destino nuevo, muchas personas revisan foros  y apps de la comunidad para tener una idea real de cómo se vive ahí — no la  versión oficial de turismo, sino la de alguien que ya estuvo.  

Las muestras de afecto. Esto es más difícil de medir en una tabla, pero es de  lo primero que preguntamos: ¿puedo tomar de la mano a mi pareja  caminando por la calle sin que eso genere miradas, comentarios, o algo peor?  En algunos destinos la respuesta es un sí tranquilo. En otros, hay que reservar  esas muestras de cariño para espacios privados o zonas específicas.  

Los espacios explícitamente queer-friendly. Barrios, bares, playas o clubes  que ya tienen trayectoria recibiendo a la comunidad suelen ser un buen  termómetro de qué tan preparado está un destino en general, no porque ahí  “esté permitido” ser quienes somos, sino porque esos espacios normalmente  reflejan una comunidad local más amplia que ya construyó ese terreno. 

Ninguno de estos puntos garantiza una experiencia perfecta, no existe eso.  Pero revisar la ley, el contexto social reciente, la reputación real de los hoteles,  y las señales de la propia comunidad, es la diferencia entre viajar con  información y viajar con la esperanza de que todo salga bien.  

Al final, elegir un destino no es solo elegir un lugar bonito. Es elegir, por unos  días, un lugar donde no tengamos que pensar dos veces antes de ser quienes  somos.  

Y si de ejemplos concretos se trata, Puerto Vallarta es de los pocos destinos  en América Latina que cumple con casi toda esta lista al mismo tiempo. El  matrimonio igualitario es legal en Jalisco desde 2016, y su barrio LGBTIQ+, la  Zona Romántica, está siendo formalmente designado en 2026 como el  primer distrito LGBTQ+ oficial de México — un reconocimiento que ya se ganó  de forma extraoficial desde que fue nombrado “Gayborhood of the Year” en  los Gay Travel Awards de 2016. La zona concentra bares, restaurantes, hoteles  gay-owned y clubes de playa a distancia caminable, con la Playa de los  Muertos como uno de sus puntos más emblemáticos, reconocida por  Newsweek como una de las mejores playas gay del mundo.  

Es justo el tipo de destino donde no hace falta revisar cada casilla con miedo:  ya viene con la mayoría resueltas.  

Por eso armamos Escape 2026: Puerto Vallarta, nuestro paquete todo  incluido pensado para vivir la ciudad sin tener que investigar nada de esto por  tu cuenta: vuelos, hospedaje, acceso exclusivo a Mantamar Beach Club, tour  en yate y recorrido guiado por la Zona Romántica. Del 2 al 6 de diciembre, con  precios desde $1,780 por persona. 

Conocé todos los detalles del paquete en: https://sanjoseorgullo.com/turismo/ puerto-vallarta-escape-2026/

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Julian Trejos
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